COVID-19: Hablemos de los ciudadanos malditos

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COVID-19: Hablemos de los ciudadanos malditos

Martín Moreno

“¿Cuántos contagios o cuántas muertes han provocado, de manera directa o indirecta, aquellos irresponsables que se niegan a usar cubrebocas o evitan cumplir las restricciones sanitarias que todos conocemos? Imposible saberlo”. Foto: Galo Cañas, Cuartoscuro

  • Los sin cubrebocas
  • Los irresponsables

El 3 de julio pasado, en mi cuenta de Facebook, escribí:

“Hoy salí de casa por necesidad. Par de horas. Antes de regresar, pasé a una tienda por galletas Ricanelas y Marías. Ando de antojos. Cuando las dejé sobre el mostrador, vi que la doñita no traía cubrebocas. Yo sí lo llevaba. Retrocedí dos pasos largos mientras ella hacía la cuenta. Me miró con cierto desdén, que interpreté como ‘¡ay, otro pobre ingenuo!’, y me dijo con aire sabiondo y una media sonrisa: ‘No pasa nada, oiga. He investigado. Y también he leído mucho. A la gente la están enfermando. No pasa nada…’. Me quedé atónito. Enmudecido. Pagué. ‘Cuídese, señora’”, musité. Ella continuaba con su media sonrisa.


El sábado 11 de julio, a pesar de que la Alcaldesa de Xico, Veracruz, había cancelado la fiesta por María Magdalena, cientos de habitantes salieron a festejar hasta la madrugada. Sin recato. La mayoría no llevaba cubrebocas. Mucho menos guardaban la sana distancia marcada por las autoridades. Bailaban, bebían, se encimaban, como si no existiera una pandemia en México.


De acuerdo al diario El Norte, en sus páginas de sociales, el sábado 20 de junio, Karen Alejandra y Jaime Protasio se casaron por la iglesia. Durante la boda, ni los novios ni la mayoría de los 200 invitados llevaban cubrebocas. Los meseros sí iban cubiertos. Días después, el Regidor Javier González-Alcántara advirtió que “ya salieron varias personas que asistieron a esa boda como positivas en COVID-19. Hay que entender que esto no es un juego. Es una amenaza real que mata personas”.


El 21 de mayo, el portero del equipo Santos de Torreón, Jonathan Orozco, celebró su cumpleaños en casa sin ninguna precaución sanitaria. Según El Siglo de Torreón, Orozco festejó sus 34 años con invitados y música en vivo. En redes sociales circularon fotos del futbolista sin cubrebocas, en short, con bebida en mano y ante un micrófono al lado de dos miembros de una banda musical, igualmente sin precaución en el rostro. Horas más tarde, regresó al entrenamiento con sus compañeros de equipo. Pocos días después, el club reportaba 12 casos positivos de la COVID-19. Uno de ellos era Jonathan Orozco.


A mediados de mayo, en la colonia “Las Águilas”, mediante un audio difundido en redes sociales, se invitó a asistir a una fiesta –“ya se hace en Suecia”-, con la intención de “adquirir inmunidad de rebaño” y salir más rápido de la pandemia. En la reunión habría personas positivas al coronavirus. También alcohol. La entrada costaba mil 500 pesos.


“Que vengan con toda confianza porque los tepiteños tomamos nuestras debidas precauciones…”, pide Carmen, comerciante del barrio, a través de una entrevista con el reportero Santos Briz, pero la imagen en televisión muestra otra cosa: tampoco lleva cubrebocas ni careta ni guantes.


Contrario a la obligación sanitaria y a la disposición de la Federación Mexicana de Futbol, el iracundo entrenador del América, Miguel Herrera, alias “El Piojo”, apareció sin cubrebocas durante todo el juego contra los Pumas de la UNAM en la primera semana de julio. Carente de protección, hablaba a corta distancia con sus jugadores, vociferaba con los rivales y se dirigía rabioso al árbitro suplente. Se pasó el protocolo de sanidad establecido por la Liga MX por el arco del triunfo.


El sábado pasado, Reforma publicó que pese a la pandemia, el Senador por Morena y líder sindical, Pedro Haces, organizó desde el jueves 16 una celebración por… ¡cuatro días de corridas de toros! con motivo de su cumpleaños. Participaron 40 toreros, en franca violación al Semáforo Epidemiológico color naranja, que prohíbe reuniones de más de 25 personas en espacios públicos o privados de la CdMx.


El Gobernador priista de Coahuila, Miguel Riquelme, realizó una celebración cumpleañera junto con Alcaldes el pasado 20 de julio, en plena contingencia por la COVID-19. Riquelme confirmó a los medios la fiesta en el centro de la pandemia.


“Para los que defienden usar mascarillas o bozal, aquí una muestra de lo que están respirando ustedes mismos, además lo caro que resulta estar comprando lo que piden cuando la gente no tiene ni para comer. Es un gran negocio y engaño global. “NoAlBozal”, publicó en su cuenta de Twitter la cómica Patricia Navidad.


El pasado domingo por la noche, en Tula, Hidalgo, decenas de personas salieron a festejar a las calles un campeonato amistoso e intrascendente del Cruz Azul, rompiendo la cuarentena y violando la ley sanitaria. No llevaban cubrebocas. Tampoco atendían las restricciones impuestas. (Reforma. 19-julio-2020).


El crítico literario Rafael Conte define que “el maldito es aquel que sufre ignorancia o desconocimiento por parte de la sociedad que se niega a reconocerle…”. Y tiene razón.

Durante los meses de pandemia de la COVID-19 en México, la ignorancia y los malditos han brotado como el propio virus: por todas partes. Van de la mano. Sin cubrebocas. Sin pudor. Sin recato. Sin madre.

Y están por todos lados: en las calles, en tianguis, en parques, en mercados públicos, en comercios, en supermercados, en el transporte público, en puestos ambulantes, en negocios, en edificios públicos, en cada esquina, en casa, burlándose de las restricciones sanitarias, de la salud pública, del bienestar común. Sin importarles contagiar o ser contagiados.

¿Cuántos contagios o cuántas muertes han provocado, de manera directa o indirecta, aquellos irresponsables que se niegan a usar cubrebocas o evitan cumplir las restricciones sanitarias que todos conocemos? Imposible saberlo. Sin embargo, sí que han contribuido a que hoy, México sea el cuarto país con mayor número de defunciones por coronavirus. Hasta la hora de entrega de esta columna, iban casi 40 mil muertes y 349 mil 396 contagiados.

Allí pululan miles todavía, sin cubrebocas. Sí, como Trump, AMLO y López-Gatell, a pesar de las recomendaciones sanitarias que en todo el mundo se lanzan para estimular su uso. Pero a legiones de irresponsables les vale un soberano cacahuate. Insisten en desdeñar el conocimiento científico, en sentir una superioridad agraviante, en burlarse de la muerte que, hoy por hoy, nos ronda con su manto invisible.

Salomón Chertorivski, exsecretario de Salud federal, subió a sus redes una información científica más que valiosa el domingo pasado: si todos usamos cubrebocas en México, podremos someter al virus entre las próximas cuatro u ocho semanas. Eso es algo que alienta y que está en nuestras manos lograrlo, sin necesidad de recomendaciones irresponsables de políticos o de gobiernos.

“Es cuestión de suerte”, dicen algunos indolentes. No. Es cuestión de prevención.

Hay malditos en cada esquina.


Cierto: también hay miles – afortunadamente en mayor proporción-, con grado de responsabilidad. Que no salen sin cubrebocas a la calle. Que se lavan las manos cada dos horas, como establece la OMS. Que mantienen aún la sana distancia. Que se cuidan. Y que cuidan a los demás.

Afortunadamente, hay más responsables que malditos.

El maldito es, a final de cuentas, un ignorante, como bien lo define Conte.

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