Elif, la niña milagro del terremoto de Esmirna

Ríos de lágrimas llevan corriendo por Turquía desde el viernes pasado pero este lunes por la mañana fueron de alegría. Elif Perinçek, una pequeña de sólo tres años, salió con vida de bajo los escombros con su manita agarrada al pulgar de su rescatador, el bombero Muammer Çelik, quien jamás perdió el desaliento para obrar este milagro que ha conmocionado a todo el país, incluido a su presidente: “Recupérate pronto, cariño”, escribió en un trino Recep Tayyip Erdogan.

La pequeña pasó 65 horas en lo que sus rescatadores han definido como “un hueco de vida”, formado por una silla de la cocina que volcó sobre ella, evitando su aplastamiento. El viernes se hallaba con su madre, Seher, y sus cuatro hermanos en el bloque de apartamentos Doganlar del distrito de Bayrakli, uno de los ocho que se derrumbaron completamente en Esmirna por efecto del terremoto, de magnitud 7. La progenitora y dos hermanas gemelas fueron salvadas el sábado, pero perdió a su hermano Umut.

Muammer Çelik, aclamado como un héroe, ha descrito la angustia de las horas previas al milagro: “Su padre me dijo ‘estoy listo para lo que sea, estoy preparado para todo’, a lo que yo le respondí: ‘Dios obra milagros. Quizás veamos uno aquí, no te rindas'”, ha explicado a los medios el salvavidas, empleado en un parque de bomberos de Estambul. Pese a que escarbaban durante horas sin parar en su busca, y el pesar aumentaba a cada minuto , una señal de vida de madrugada cambió todo.

Bajo los primeros rayos de sol, Elif salió consciente, con los ojos abiertos como platos. “Elif tomó mi dedo…limpié su cara, le quité el polvo. La llevé con un compañero, pero ella mantuvo agarrado mi dedo hasta que llegamos a la enfermería. Este niña merece vivir hasta el final”, ha subrayado el bombero, visiblemente emocionado y elevado a héroe del día. Son docenas los profesionales que, como él, siguen trabajando a destajo para obrar otros milagros. Han rescatado a más de un centenar de personas vivas.

El domingo por la noche lograron sacar viva a una adolescente, Idil Sirin, de 14 años. Al igual que Elif, a la que las cámaras televisivas han mostrado en una cama saludando, Idil se encuentra bajo observación por los posibles efectos adversos de haber pasado tantas horas constreñida e inmovilizada, pero con pronóstico favorable. Pero, a medida que pasa el tiempo, la mayoría de personas que quedaron atrapadas bajo los escombros salen de ellos sin vida.

Se cree, por lo tanto, que el balance de víctimas mortales, que en estos momentos es de 92, podría sobrepasar el centenar en las próximas horas. Hay cerca de un millar de heridos y cientos de personas que se han quedado sin hogar por un temblor, en la tercera mayor ciudad de Turquía, que ha estado marcado por una polémica recurrente en un país habitualmente sacudido por los seísmos: la calidad de los edificios, pobre en muchos casos en los que se trataba de acoger a trabajadores venidos del campo.

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Turquía atesora una historia negra en torno a los llamados gecekondu, traducidos literalmente como ‘construidos en una noche’. Fueron edificios construidos en el extrarradio de las grandes urbes durante las últimas décadas del siglo pasado, respondiendo a la urgente necesidad de mano de obra para la industria, al mismo tiempo que la agricultura perdía valor económico. Estas construcciones, pese a carecer de planificación y estar hechas con materiales de mala calidad, fueron legalizadas a posteriori.

Según el periódico turco Sabah, siete personas han sido detenidas hasta el momento por su vinculación con los edificios que se derrumbaron. Entre los arrestados hay contratistas de obra e ingenieros. Se busca a dos más. Entretanto, la prensa turca se hace eco de unas declaraciones duras del investigador de la Universidad de Esmirna Abdussamet Arslan: “La calidad del hormigón en las mediciones que hicimos en esta región era mucho menor de lo que debería ser”, ha criticado. “Los ciudadanos podrían mostrar, al comprar una casa, la misma sensibilidad que muestran al comprar un móvil o un coche”.

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