Asia, atrapada en la tercera y cuarta ola de coronavirus

Hong Kong vuelve a imponer las viejas restricciones -que estarán vigentes, al menos, dos semanas- y es la única ciudad en el mundo que habla de cuarta ola de contagios

Disneyland ha cerrado en Hong Kong. Es la tercera vez en 10 meses que tiene que volver a poner el candado a su puerta por culpa de una nueva ola de contagios. Los colegios han cerrado en Hong Kong. Es la tercera vez en un año que los niños deberán continuar las lecciones desde su casa con clases online. Los karaokes, centros de juegos, bares y piscinas (hace de media 24 grados de temperatura), también han cerrado. Los gimnasios siguen abiertos, pero no puede haber más de dos personas a la vez. Al igual que no puede haber más de dos comensales sentados en la misma mesa del restaurante, ni más de dos colegas se pueden juntar por la calle. Las restricciones han vuelto a una ciudad de siete millones y medio de habitantes con 6.300 contagios y 109 muertes.

A primera vista, comparando cómo están grandes urbes de otros países, doblando o triplicando esos datos de infecciones, no parece una situación alarmante la que se vive en la ex colonia británica. Pero los epidemiólogos hongkoneses hablan de una cuarta ola y los políticos tienen claro que las severas restricciones, tomadas a tiempo, son la única manera de frenar los contagios. Ya lo han hecho varias veces este año. Hoy, se reportaron 82 nuevos casos en el centro financiero asiático.

A principios de marzo, Hong Kong apenas había informado de 150 casos en total. Las medidas para confinar en semicuarentena a parte de sus habitantes habían frenado la pandemia. Todo parecía controlado. Tanto que los funcionarios volvieron a las oficinas, los metros se volvieron a llenar y la gente perdió el miedo, retomando cierta vida normal en los bares y restaurantes. Pero llegó el retorno de extranjeros y nacionales que escapaban del golpe vírico de otros países. Muchos de ellos también traían en el equipaje el coronavirus. Lo que provocó que, a partir de la segunda quincena de marzo, los nuevos casos diarios, todos importados, se contaran por docenas hasta superar los 300.

Fue el comienzo de la segunda ola y el Ejecutivo presidido por Carrie Lam ordenó volver a cerrar bares y restaurantes. Además, obligaron a pasar una cuarentena de 14 días a todo aquel que entraba en Hong Kong. Los retornados debían usar una pulsera electrónica y descargar una aplicación en el móvil que monitorizaba todos sus movimientos.

TERCERA OLA DE CONTAGIOS
Ya entrado julio, menos de un mes después de que las autoridades comenzaran a levantar las medidas de distanciamiento social, el coronavirus volvió a golpear a la ex colonia dando comienzo a la tercera ola de contagios. Las infecciones diarias acariciaron la centena y se retomaron algunas restricciones como el cierre de escuelas y los límites de aforo en los bares y restaurantes.

Cinco meses después, Hong Kong vuelve a imponer las viejas restricciones -que estarán vigentes, al menos, dos semanas- y es la única ciudad en el mundo que habla de cuarta ola de contagios. Quien se salte las nuevas reglas se expone a multas que están alrededores de los 450 euros. Este último repunte de casos, según informe el diario South China Morning Post, se debe a un grupo de supercontagiadores que frecuentaban los clubes de baile, principal foco que ya ha dejado más de 500 contagios. “Esta nueva oleada es ciertamente grave porque muchos de los que han dado positivo en las últimas semanas han estado en contacto con multitud de personas”, ha dicho la jefa del Gobierno local, Carrie Lam.

CONVIVENCIA CON EL VIRUS
Fuera de Hong Kong, sin salir de Asia Oriental, la estrategia para combatir la pandemia tiene una lectura positiva a raíz de sus bajos datos de contagios si los comparamos con Europa o Estados Unidos. O, más cerca, si nos vamos a India o Irán. Las lecciones asiáticas sirvieron para que, más tarde que temprano, países europeos adoptaran medidas básicas como la obligatoriedad del uso de mascarillas y las distancias de seguridad. O, la última, pedir pruebas PCR negativas a todos los que cruzan sus fronteras.

Sin severos bloqueos, salvo el caso de China, los países asiáticos han logrado reiniciar su locomotora económica aprendiendo a convivir con segundas y terceras olas, gracias también a la conciencia social de poblaciones que han acatado las restricciones. En China, donde hay un régimen autoritario, no hay opción a obedecer o no y se hace lo que diga el único partido gobernante. Pero en las democracias asiáticas, en gran parte, se ha confiado con éxito en la responsabilidad del ciudadano. Pese a ello, países como Corea del Sur o Japón ahora están atrapados en una tercera ola de contagios.

COREA DEL SUR Y JAPÓN
Ahora, Corea del Sur (34.652 infecciones y 526 muertos) lleva tres días seguidos superando los 400 casos de contagio. Desde hace un par de semanas, se enfrenta a una de sus mayores oleadas de infecciones -la tercera-, impulsada por pequeños brotes en la capital, Seúl. El pasado jueves alcanzaron los 581 infectados en un solo día, el máximo en los últimos ocho meses, aunque las cifras están bajando en los últimos días.

Durante todo el año, el país asiático ha sido ejemplo mundial a la hora de frenar la pandemia. Una receta aplaudida basada en test masivos y monitorización de la población sin necesidad de establecer estrictas cuarentenas. Hasta que el jolgorio de la capital, Seúl, se vio interrumpido en mayo por un nuevo brote surgido en los clubes nocturnos de la zona céntrica de Itaewon, dando paso a la segunda ola.

En el caso de su vecino Japón (149.000 contagios y 2.076 fallecidos), después de cuatro días consecutivos superando los 2.000 contagios, la cifra hoy ha bajado a los 1.446 casos, una cuarta parte de ellos en Tokio. El Gobierno japonés levantó el Estado de Alarma el 25 de mayo cuando se controló la primera ola. Las autoridades de la capital nipona han pedido ahora a los bares y restaurantes que reduzcan su horario comercial durante unas tres semanas. A cambio de cumplir las recomendaciones, el Gobierno anuncia que dotará de subsidios a los establecimientos.
el mundo.