LOS MURCIÉLAGOS de Elite de Veracruz.
Esto ya se puso color de hormiga; tras asesinato de elementos federales y el fallecimiento del dip. Zenyazen Escobar
Veracruz está en el ojo del huracán nacional. En menos de 72 horas, dos golpes cimbraron a la entidad: el asesinato de dos agentes federales de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana en Omealca y el fallecimiento del diputado federal de MORENA, Zenyazen Escobar García, en Puente Nacional.
Y la respuesta del gobierno federal no se hizo esperar: “ya vienen los Murciélagos”
No es apodo de película. Son la unidad de élite más letal y más secreta que tiene el Ejército Mexicano. Formalmente, el Cuerpo de Fuerzas Especiales de la SEDENA*, antes conocidos como los *GAFES* – Grupos Aeromóviles de Fuerzas Especiales. Nacidos en los noventa para cazar al narco, entrenados en Temamatla bajo nieves del Iztaccíhuatl con mochilas de 25 kilos, expertos en operaciones nocturnas, sigilo, paracaidismo, combate cuerpo a cuerpo y supervivencia extrema.
Les dicen Murciélagos porque operan donde nadie más opera: en la oscuridad total, con baja visibilidad, silenciosos y con precisión quirúrgica. Los mismos que tiraron a Osiel Cárdenas, a El Z-42, a El Marro y que participaron en la cacería de El Mencho. Hoy, esa fuerza anfibia y aerotransportada viene a la zona cero: la cuenca del Papaloapan y el corredor Córdoba – Omealca – Tierra Blanca.
El despliegue no es casualidad. Es la admisión de que los proyectos de seguridad locales fallaron.
Tras el ataque donde fueron acribillados los dos policías de investigación federales mientras hacían labores de campo en Río Moreno, quedó claro que la zona está tomada por células que no le temen a nadie, ni siquiera a la federación. El propio secretario Omar García Harfuch tuvo que salir a decir “este crimen no quedará impune” y agradecer a Defensa y Marina porque Veracruz ya no se puede solo.
Y en paralelo, el caso Zenyazen. El secretario de Gobierno, Ricardo Ahued, salió rápido a decir que no fue ataque armado, que fue accidente en cuatrimoto. Pero el pueblo no le creyó. En redes, en cafés, en las gradas del estadio, la gente asegura que el gobierno oculta algo. Esa desconfianza obligó a que *la Fiscalía General de la República atrajera el caso del diputado*.
Dos muertes, dos mensajes distintos, pero una misma lectura: en Veracruz ya nadie cree en la versión oficial.
Por eso llegan los Murciélagos. No vienen a hacer rondines. Vienen a reforzar tareas de inteligencia, a buscar a los responsables del asesinato de los federales y a dar certeza -aunque sea por la fuerza- de que el Estado todavía puede entrar a donde el crimen ya gobierna.
Los Murciélagos ya van llegando a Veracruz. Y cuando ellos llegan, es porque la noche se va a poner muy larga.
