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Con elecciones próximas, el país enfrenta una crisis de seguridad agravada por la presencia de múltiples grupos delictivos y la percepción de impunidad política.

Hay una insistencia que raya en el absurdo en la defensa de lo indefendible, sólo que se suma un actor adicional, el secretario de Seguridad federal, Omar García Harfuch, quien ha cumplido con creces la función que le han encomendado: buscar, localizar, identificar y consignar a los miles de generadores de violencia de este país. 

Los resultados del reducido equipo de trabajo que comanda han hecho que parte del gobierno norteamericano no sólo lo reconozca, por ahora, sino invite a una coordinación más estrecha entre ambos países. 

Pareciera que su visita a Buenos Aires, Argentina, para asistir a la Conferencia Internacional para el Control de Drogas en lugar de sumar puntos al gabinete y a la relación bilateral, lo puso en una posición incómoda ante su jefa, la Presidenta de la República. 

El escenario para Claudia se complica aún más, ya que deberá decidir, y muy pronto, entre la continuidad en la protección impune del grupo político del expresidente López Obrador o la coordinación hasta el límite de la subordinación con las agencias de los Estados Unidos, donde ya han sumado al secretario mexicano y que, independientemente de los propios intereses norteamericanos, están empecinados en la persecución y neutralización de las redes criminales globales, donde destaca una buena parte de la clase política mexicana. 

Andrés Manuel u Omar, ambos no caben en la misma canasta de Morena; abrazos o balazos, seguridad o impunidad, coordinación o abandono de la relación bilateral. En términos generales, cohesión o ruptura

El gobierno de la República no puede seguir administrando una crisis nacional de impacto regional en materia de seguridad sin tomar una posición clara: o cierra filas con más de 15 países alineados con el combate sin fronteras al flagelo criminal organizado o lleva la lucha a modo, deteniendo y extraditando a los líderes operativos sin tocar a los aliados políticos y empresariales. 

Sin embargo, en lo que estos escenarios hipotéticos se materializan, México sigue tomado por dos estructurales criminales trasnacionales, cientos de grupos delictivos y miles de células criminales que violentan día a día la seguridad tan lejana en México. 

Las elecciones se acercan, el país se politizará, “el manto distractor” caerá sobre losgrandes problemas nacionales para dar paso a la lucha por la transición democrática o la continuidad de Morena; mientras esto sucede, la percepción de inseguridad le dará un respiro a la Presidenta de México para dejar de lado su incongruente discurso en un contexto de miles de desaparecidos bajo un “desplome” del 50% de  homicidios en un país donde la violencia no cesa; tres elementos que no caben en una equilibrada ecuación. 

Mexicanos… ¿realmente nos molesta la injerencia norteamericana? Necesitamos el apoyo internacional para la persecución integral de la delincuencia trasnacional organizada, pero no a modo. 

¿Queremos seguir bajo el yugo de la delincuencia política vinculada con los más patéticos grupos delictivos? Si no es así, y se busca un país que genere las condiciones de desarrollo,debemos ir con todo y contra todos los traidores a la patria que han entregado el país a la delincuencia organizada. 

¡¡Mexicanos!! Pareciera que la defensa de la delincuencia política, los altos índices de corrupción y enriquecimiento inexplicable de esta casta sexenal es la base para la protección de la soberanía nacional. ¿En verdad creen que la entrega de políticos requeridos es un atentado a la soberanía e independencia del país? 

Es tiempo de definiciones claras y contundentes: o se investiga y persigue sin límites aestos personajes o llegaremos a un punto de quiebre con escenarios poco más que catastróficos.