Cárdenas desde el búnker de la democracia

600_noticias_20261029001534_14394 (1)

“Es inadmisible que cualquier persona sea asesinada”.Con formalidad, Cárdenas aborda la coyuntura nacional, tocando heridas abiertas y escándalos recientes.Sobre el asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan ocurrido a principios de este mes, es tajante:

“Es inadmisible que cualquier persona sea asesinada”.Tampoco rehúye a temas mediáticos con implicaciones legales, como el caso de Raúl Rocha, dueño de la franquicia Miss Universo investigado recientemente: “Si se comprueban los hechos, debe ser sancionado”, sentencia.

Su diagnóstico del país es crítico. En educación, urge a que “el sistema debe modernizarse”; sobre la economía, lamenta que esté “estancada desde hace un cuarto de siglo”.

En cuanto a la seguridad, su visión es desoladora: “no hay un plan real para enfrentar a la delincuencia”. Sobre el Poder Judicial, evita maniqueísmos: “No es diferente a otros tiempos; es y ha sido bueno, malo y regular”.Al preguntarle sobre sus memorias, cierra la puerta a nuevos libros autobiográficos: “Ya escribí todo lo que tenía que escribir”.

Cárdenas reconoce que ese furor existió, pero reitera su convicción pacifista que evitó un derramamiento de sangre. “Ese no es el camino”, dice el hombre que, tras aquella elección, optó por reorganizar a la oposición y fundar el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Desde su estudio en Las Lomas, rodeado de la historia de su padre y la propia, Cuauhtémoc Cárdenas sigue siendo una brújula moral, una voz indispensable que, a los 91 años, asegura no tener cuentas pendientes con el pasado.

Si bien la legalidad de la época declaró presidente a Carlos Salinas de Gortari, la elección de 1988 quedó marcada en la historia moderna como la herida que exhibió las fallas del sistema y detonó la verdadera lucha por la democracia.

Incluso el expresidente Miguel de la Madrid admitiría, en 2004, que el triunfo de Salinas se proclamó sin contar con datos oficiales que lo respaldaran en ese primer momento, reconociendo implícitamente las irregularidades.