EL SISTEMA QUE DEBERÍA COMBATIR LA CORRUPCIÓN ESTÁ PODRIDO POR DENTRO

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Vania Pérez Morales llegó a encabezar el Sistema Nacional Anticorrupción con una tarea que, en teoría, debería ser sencilla de entender: señalar la corrupción y exigir que se investigue. Pero cuando comenzó a hacerlo públicamente contra personajes de alto nivel, asegura que las cosas cambiaron.

En octubre de 2025 pidió que se investigaran posibles incongruencias patrimoniales y fiscales del entonces senador Adán Augusto López. Después denunció que recibió amenazas, presiones y que incluso hubo intentos de retirar o silenciar posicionamientos públicos relacionados con el caso.

Más tarde presentó una denuncia contra el titular de la Auditoría Superior de la Federación, David Colmenares, por presuntos incumplimientos de sus obligaciones. También pidió que la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, se separara temporalmente del cargo mientras se esclarecían investigaciones relacionadas con su entorno.

Vania Pérez aseguró que servidores públicos de alto nivel comenzaron a presionarla y que incluso uno de ellos le advirtió que se preparara y se cuidara por las denuncias que estaba realizando.

Llegó al punto de reconocer públicamente que temía por su seguridad y había considerado abandonar México. Y todo esto mientras presidía, precisamente, el organismo que debería coordinar los esfuerzos del país contra la corrupción. Al terminar su gestión, Pérez Morales dejó un diagnóstico demoledor: aseguró que el Sistema Nacional Anticorrupción está debilitado, plagado de conflictos internos y que muchas instituciones simplemente no responden cuando se presentan denuncias.

Durante su año al frente dijo haber presentado o acompañado alrededor de 100 denuncias, incluyendo decenas relacionadas con irregularidades dentro del propio aparato anticorrupción.

Y ahí está la contradicción que debería preocuparnos a todos: ¿Cómo se supone que México va a combatir la corrupción si quien encabeza el organismo encargado de enfrentarla termina denunciando censura, amenazas y presiones por señalar a personajes poderosos? Cuando denunciar la corrupción puede convertirse en un riesgo para quien lo hace, el problema ya no es solamente quién roba. El problema es todo lo que permite que nadie pague las consecuencias.