La muerte política de Guadalupe Taddei
En política, hay escándalos que dejan una trayectoria sin posibilidad de rescate. Ese es el sentido de esta muerte política: una pérdida de credibilidad que ninguna defensa partidista puede reparar sin explicaciones y rendición de cuentas.
Guadalupe Taddei encabezó al INE durante la elección presidencial de 2024 y la elección judicial. Por eso, los señalamientos públicos sobre su actuación tienen un alcance que rebasa su persona: golpean la confianza en la autoridad encargada de organizar los comicios.
Morena no puede presumir cercanía cuando conviene y desconocerla cuando llegan los cuestionamientos. Si defendió su nombramiento y respaldó su conducción, tiene que responder políticamente por ese respaldo. La independencia del árbitro electoral exige mucho más que discursos.
Las denuncias y los materiales difundidos en medios deben investigarse con rigor. Si existen pruebas de delitos, corresponde a las autoridades determinar responsabilidades y proceder contra quienes resulten responsables, sin protección partidista. Una renuncia, una separación del cargo o el silencio no sustituyen la justicia.
Porque ahí está la prueba para Morena: demostrar si su combate a la corrupción también alcanza a los cercanos o si prevalece la vieja máxima de «a los amigos, gracia; a los enemigos, justicia».
La sospecha que deja este episodio es demoledora: que el pecado imperdonable no sea la posible corrupción, sino haber quedado expuesta.Que Morena se haga cargo del costo político. Y que las autoridades esclarezcan las responsabilidades legales.
