PRI, PAN y MC: ¿alianza opositora o pacto de supervivencia?

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En el escenario político de #Veracruz comienza a tomar fuerza una discusión que, más que una alianza consolidada, parece revelar las dificultades de una oposición que busca encontrar una ruta común frente al nuevo mapa electoral: la posible convergencia entre PRI, PAN y Movimiento Ciudadano.

Sin embargo, hablar hoy de una alianza tripartita sería, cuando menos, adelantarse a los acontecimientos. Lo que existe es una serie de acercamientos, posicionamientos y cálculos políticos que todavía están lejos de convertirse en un proyecto común con estructura, identidad y objetivos compartidos.

El PRI, históricamente protagonista de la política veracruzana, enfrenta una realidad diametralmente distinta a la de otras épocas. Su capacidad de convocatoria y su presencia electoral se han reducido considerablemente, por lo que la idea de construir un frente opositor puede entenderse también como una estrategia para evitar que su representación continúe disminuyendo.

Del otro lado aparece el PAN, que enfrenta su propia disyuntiva. Una alianza con el priismo no resulta sencilla después de años de confrontación política y de una relación marcada por profundas diferencias. Sin embargo, la realidad electoral obliga a los partidos a replantear viejas posiciones.

Para Acción Nacional, la pregunta parece ser inevitable: ¿mantener una identidad política independiente o apostar por una suma de fuerzas que le permita competir con mayores posibilidades en los municipios donde la elección podría definirse por márgenes estrechos?

Y entonces aparece Movimiento Ciudadano, quizá el actor más incómodo de esta ecuación.

El partido naranja ha construido buena parte de su crecimiento precisamente a partir de diferenciarse de los partidos tradicionales. Su discurso busca presentarlo como una alternativa frente a las estructuras políticas que durante décadas dominaron Veracruz.

Por ello, sentarse en la misma mesa con PRI y PAN implicaría para MC un riesgo evidente: ¿cómo conservar su narrativa de renovación si termina compartiendo boleta con quienes precisamente cuestiona?

Ahí está el verdadero dilema.

Porque una alianza electoral puede resultar conveniente desde la calculadora, pero no necesariamente desde la política.

Sumar siglas no significa necesariamente sumar votos. Y mucho menos significa construir un proyecto común.

La oposición veracruzana tendría que responder primero qué quiere ofrecerle a la ciudadanía antes de preguntarse cuántos partidos pueden caber en una misma coalición.

De lo contrario, la eventual alianza podría terminar reducida a una operación de supervivencia electoral: conservar registros, garantizar espacios de representación y maximizar posiciones plurinominales.

Y esa sería precisamente la paradoja: tres partidos intentando demostrar que pueden construir el futuro mientras negocian cómo sobrevivir al presente.

El escenario de los 53 municipios donde se analiza una posible competencia conjunta añade todavía más complejidad. Cada municipio tiene dinámicas políticas distintas, liderazgos locales, estructuras territoriales y grupos que no necesariamente están dispuestos a compartir intereses.

La política municipal no siempre obedece a las dirigencias estatales.

Por eso, cualquier alianza que pretenda prosperar tendrá que superar mucho más que una negociación entre partidos. Tendrá que convencer a militantes, liderazgos locales y, sobre todo, a un electorado que difícilmente votará por una fotografía de unidad si detrás de ella no existe una propuesta convincente.

El problema de fondo no es si PRI, PAN y MC pueden sentarse juntos.

La verdadera pregunta es si pueden ponerse de acuerdo sobre para qué quieren estar juntos.

Porque si el objetivo es únicamente impedir que una fuerza política mantenga el control electoral, estaremos frente a una alianza coyuntural. Pero si existe una propuesta seria en materia de seguridad, desarrollo económico, infraestructura, campo, salud, educación y combate a la corrupción, entonces podría comenzar a hablarse de algo diferente.

Por ahora, la posible coalición parece moverse más en el terreno de la aritmética electoral que en el de un proyecto político de largo alcance.

El tiempo dirá si PRI, PAN y MC logran convertir sus diferencias en una estrategia común o si, por el contrario, sus propias identidades terminan siendo más fuertes que la necesidad de competir juntos.

En política, sumar tres siglas puede ser sencillo.

Lo verdaderamente difícil es lograr que tres historias distintas convenzan al ciudadano de que pueden escribir una sola historia hacia adelante.