“Simon, no te pases”, Puerto Vallarta escribe sus temores y esperanzas ante la llegada del huracán; fachadas se llenan de mensajes
Ante la llegada del huracán Simon, el ingenio se convirtió en una manera de enfrentar la incertidumbre
“Simon, sin dramas”, se leía sobre uno de los tablones de madera que protegían los comercios de la calle Ignacio L. Vallarta. A unos metros, otro mensaje pedía: “Simon, no te pases, vamos a estar bien”. En medio de la amenaza del huracán, las paredes improvisadas que resguardaban los negocios se transformaron en pequeños espacios para expresar miedo, esperanza y humor.
La Zona Romántica de Puerto Vallarta,acostumbrada a las conversaciones que se prolongaban hasta la madrugada, a la música de los bares y al movimiento de turistas por sus calles, ofrecía una imagen distinta. Los establecimientos habían cerrado sus puertas y sus fachadas estaban cubiertas con tapiales de madera y costales de arena, colocados para proteger el patrimonio de comerciantes y trabajadores ante los posibles efectos del fenómeno meteorológico.
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El paisaje recordaba una zona preparada para resistir un desastre. Sin embargo, entre las tablas clavadas y las entradas bloqueadas, habitantes y visitantes encontraron una manera de cambiar el ánimo de la espera: tomaron plumones y aerosoles y comenzaron a escribir frases dirigidas al huracán que se aproximaba a lascostas de Jalisco.
“Simon, no vayas a hacer mucho desmadre”, decía otra de las leyendas. Más adelante, alguien escribió: “Simon, aplaca tu vera y tu rencor”, mientras otro mensaje recibía al fenómeno con una mezcla de ironía y esperanza: “Bienvenido, Simon, todo va a estar bien”.
Las palabras quedaron plasmadas sobre la madera que, horas antes, había sido colocada como una barrera para evitar que el viento, el agua o los objetos arrastrados por las condiciones meteorológicas dañaran los establecimientos.
Aquellos mensajes no cambiaban la fuerza del mar ni reducían los riesgos de la emergencia, pero daban otro significado a las fachadas protegidas. Frente a la incertidumbre, el humor se convirtió en una forma de acompañar la espera y expresar el deseo de que la ciudad y sus habitantes salieran adelante.
