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YURIRIA SIERRA

Fue una sentencia histórica. Han pasado seis años y, desde entonces, esta resolución ha sido motor de causas feministas, pues la lucha de una madre generó renglones que se escriben en las leyes. Es una sensación agridulce, porque a once años del feminicidio de Mariana Lima, su agresor sigue libre, sin embargo, el ímpetu, coraje y valor de Irinea Buendía llevó a modificaciones jurídicas en las que se alimenta la impartición de justicia. Sin embargo, lo que tendría que ser un concepto ampliamente entendido, aún se topa con pared:

“En caso de los feminicidios, antes no se consideraban feminicidios y eran homicidios. Esta clasificación comienza con nosotros, por eso el aumento de feminicidio. Antes asesinaban a las mujeres y no se consideraban feminicidios (…) Se habla de los avances de la defensa de las mujeres en el mundo, pero es el mismo periodo de mayor concentración de mayor riqueza en el mundo. Eso tiene que ver con la igualdad, es igualdad de género, pero también es igualdad económica y social. No nos debemos dejar llevar por sólo un aspecto. Que no nos manipulen…”, remataron la mañana de este martes en Palacio Nacional. 

El caso de Victoria, la mujer salvadoreña asesinada por elementos de la Policía de Tulum, ha obligado al Presidente del país a tomar la agenda de violencia de género en sus manos. Y tanto que se ha resistido, a tantas mujeres a las que ha ignorado, que hasta vallas les ha levantado. Pero Andrés Manuel López Obrador tuvo que fijar postura, hay intereses diplomáticos de por medio. Lástima que lo haya hecho con información tan imprecisa e irresponsable.

No, Presidente, los feminicidios no se conocen ni se persiguen como tales a partir de su administración. La existencia de este término, su tipificación, es resultado de la lucha de madres y activistas. Miles de vidas perdidas tuvieron que convertirse en motor de esa causa. Investigar todas las muertes violentas de mujeres con perspectiva de género es, por lo pronto, resultado de la lucha de figuras como Irinea Buendía, quien ha dejado este legado, pero que aún busca justicia para la muerte de su hija. 

No basta que ayer el Presidente haya reconocido el aumento de feminicidios en nuestro país en casi un 10 por ciento. Un inicio, tal vez. Pero lo único que vale es que su administración trabaje en verdad en la configuración de políticas públicas y espacios institucionales para que las mujeres podemos integrarnos plenamente y gocemos de una vida libre de violencia. El mejor legado que su gobierno puede dejar en esta materia es la certeza de que nunca más volveremos a ver a niñas cargando ataúdes en lugar de sueños, como lo trazaron en una ilustración por feminicidio de Wendy Yoselín hace unos días, como lo expresaron en Palacio Nacional apenas este lunes en la inauguración del Foro Generación Igualdad organizado por la SRE y ONU Mujeres. Eso es lo único que basta, Presidente. Que entendamos el por qué se necesitó, en México y el mundo, una tipificación especial, y en levantar todos las vallas para que sea la violencia la que quede afuera y no las exigencias de justicia.

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