AMLO nunca confió en Higinio
La relación con López Obrador nunca se consolidó, marcada por episodios que evidenciaron desconfianza y cerraron su camino a la gubernatura.
El eco incómodo
Higinio no critica: se acomoda. Sabe perfectamente dónde hablar y para qué hablar. No es un error ni un impulso, es cálculo. Va a espacios como TV Azteca porque ahí su mensaje no solo suena más fuerte, sino que golpea más. Lo que en casa sería un reclamo interno, afuera se convierte en munición contra su propio partido. Y él lo sabe. Por eso no es ingenuo: es convenenciero. Cuando tuvo poder, silencio; cuando lo perdió, crítica. No está corrigiendo nada, está tratando de volver a contar. Y si para eso tiene que prestarse al juego del adversario, lo hace sin demasiados escrúpulos.
La quema de naves
Ya no es estrategia fina, es deriva. Va escalando micrófonos como quien se sube a un barco que no es suyo, confiando en que el ruido lo devuelva al mapa… y lo que está logrando es otra cosa: desdibujarse. Hoy es TV Azteca, mañana cualquiera de esos foros donde el aplauso viene con factura. No es reposicionamiento, es exposición. Y sí, hay algo casi burlón en la escena: un actor que ayudó a construir un proyecto termina alimentando el relato de quienes lo quieren ver caer. No rompe, pero se deja usar. Eso no es audacia, es decadencia política.
La desconfianza que lo dejó fuera
No es nuevo ni casual: Andrés Manuel López Obrador nunca confió en Higinio. Lo dejó ver desde aquellos mítines en el sur del Estado de México cuando hablaba de los “maiceados”, los que juegan de un lado y negocian del otro; y lo confirmó con hechos más delicados, como aquella carta pública en la que tuvo que desautorizar a su propia familia tras el episodio en que Higinio se aprovechó de la candidez de José Ramón para operar políticamente en la entidad. Ahí se terminó de romper cualquier margen de confianza. Por eso nunca fue candidato a gobernador. No fue falta de méritos, fue falta de confianza. Y en política, eso no se perdona ni se olvida.
Médico en su casa: la medicina de la propaganda
Médico en tu casa” en Metepec suena bien hasta que uno raspa tantito: más que programa, parece propaganda con estetoscopio; funciona como servicio tercerizado, un negocio para un privado que cobra por cada atención mientras el ayuntamiento presume cercanía; la opacidad manda, porque no hay claridad pública suficiente sobre contratos, costos reales ni resultados verificables; y lo más delicado, el ciudadano que llama confiado no solo pide ayuda, también entrega datos, y en un municipio donde la política se gestiona como estructura, esos datos difícilmente se quedan en el cajón de la salud… terminan alimentando la maquinaria electoral.
El Congreso caro… y la explicación que no gusta
Sí, el Congreso del Estado de México es de los más caros del país, con costos por legislador que rondan los 26 millones anuales, pero ese dato, repetido sin contexto, es media verdad: no se paga solo a un diputado, sino a toda la estructura que lo rodea —asesores, órganos técnicos, fiscalización, operación— en el estado más poblado y complejo del país, con 75 legisladores y la mayor carga política; esa es la parte que explica el tamaño del gasto. La otra, menos cómoda, es que esa estructura también se infla por la lógica del poder: plazas, duplicidades y márgenes de discrecionalidad que encarecen lo que ya de por sí sería costoso. En síntesis, no es caro solo por exceso… es caro por escala, y por política.
