EL EXAGENTE QUE TERMINÓ CONVIRTIÉNDOSE EN UNO DE LOS CAPOS MÁS PODEROSOS DE MÉXICO

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Durante décadas, su nombre apareció en informes de inteligencia, investigaciones periodísticas y expedientes de agencias antidrogas. Juan José Esparragoza Moreno, mejor conocido como “El Azul”, pasó de formar parte de los cuerpos de seguridad del Estado mexicano a convertirse en uno de los principales líderes del narcotráfico. Su historia es una de las más enigmáticas y controvertidas de la llamada “guerra contra las drogas”.

Nacido en 1949 en Huixiopa, Badiraguato, Sinaloa, Esparragoza inició su carrera dentro de la extinta Dirección Federal de Seguridad (#DFS), organismo de inteligencia que operó entre 1947 y 1985. Diversas investigaciones periodísticas y reportes de autoridades estadounidenses coinciden en que trabajó como agente de esa corporación antes de incorporarse al tráfico de drogas. Sin embargo, los registros públicos sobre sus funciones dentro de la DFS son limitados, debido a que gran parte de los archivos permanecieron clasificados durante años. (Proceso; Archivo General de la Nación; DEA)

A finales de la década de 1970 y principios de los años ochenta, “El Azul” comenzó a colaborar con integrantes del llamado Cártel de #Guadalajara, organización encabezada por Miguel Ángel Félix Gallardo, Ernesto Fonseca Carrillo y Rafael Caro Quintero. Su experiencia dentro de los organismos de seguridad y su habilidad para negociar lo convirtieron rápidamente en uno de los operadores más respetados de la organización. (Proceso; Drug Enforcement Administration).

Tras la captura de Félix Gallardo en 1989, el mapa del narcotráfico cambió radicalmente. Esparragoza fue uno de los personajes que facilitaron la reorganización de las principales organizaciones criminales y posteriormente mantuvo alianzas estratégicas con el Cártel de Sinaloa, junto a Joaquín “El #Chapo” Guzmán e Ismael “El Mayo” Zambada. A diferencia de otros capos, evitó protagonismos, rara vez aparecía en fotografías y prácticamente nunca concedió entrevistas, lo que alimentó su reputación como uno de los operadores más discretos del crimen organizado. (Departamento del Tesoro de Estados Unidos; DEA).

Su influencia no provenía únicamente del poder económico, sino de su capacidad para mediar conflictos entre organizaciones criminales. Diversos especialistas en seguridad lo describieron como un negociador que prefería alcanzar acuerdos antes que iniciar enfrentamientos armados, una estrategia que contribuyó temporalmente a mantener ciertos equilibrios entre grupos del narcotráfico. Sin embargo, ello no disminuye la responsabilidad atribuida a las organizaciones de las que formó parte, señaladas durante décadas por el tráfico internacional de drogas, lavado de dinero y hechos de violencia. (Reuters; Proceso).

En junio de 2014 comenzaron a circular versiones sobre la supuesta muerte de “El Azul” a causa de un infarto. No obstante, el Gobierno de #México nunca confirmó oficialmente su fallecimiento, y durante años las autoridades estadounidenses continuaron incluyéndolo entre los principales objetivos del narcotráfico. La ausencia de pruebas concluyentes convirtió su presunta muerte en uno de los mayores enigmas de la historia criminal del país. Hasta hoy, no existe un certificado oficial que haya despejado completamente las dudas sobre su destino. (Reuters; DEA).

La historia de Juan José Esparragoza Moreno también reavivó un debate que continúa vigente: el posible vínculo histórico entre integrantes de corporaciones de seguridad y organizaciones criminales durante distintas etapas del siglo XX. Aunque cada caso debe analizarse con base en evidencia documentada, su trayectoria suele citarse como uno de los ejemplos más representativos de esa compleja relación.

¿Crees que #México ha logrado romper definitivamente los vínculos entre el crimen organizado y las instituciones del Estado, o consideras que aún persisten esos riesgos?