El último paso a la libertad, la penitenciaría Modelo del Edomex

IMG_2973

La historia de Lalo revela cómo funciona una de las cárceles más inusuales del Estado de México, donde la reinserción social busca imponerse sobre la violencia y el hacinamiento.

En la Penitenciaría Modelo Dr. Guillermo Colín Sánchez las mañanas comienzan antes de que salga el sol. A las 05:00 horas algunos internos ya barren sus celdas, tallan sanitarios o acomodan cobijas sobre camas perfectamente tendidas. 

No hay gritos atravesando dormitorios ni televisiones encendidas a todo volumen; tampoco paredes rayadas, basura acumulada o decenas de hombres hacinados en una misma estancia.

Dentro de este penal ubicado en Nezahualcóyotl, los pasillos tienen murales pintados por las propias personas privadas de la libertad, las áreas comunes permanecen limpias y el ritmo cotidiano parece más cercano a una rutina estricta que a la imagen tradicional de un centro penitenciario mexiquense.

Lalo tiene 51 años y ha pasado más de tres décadas entrando y saliendo de prisión. Conoció el Reclusorio Norte en la Ciudad de México, y en el Edomex habitó los de Cuautitlán, Neza Bordo y nuevamente Cuautitlán; salía, volvía a delinquir y regresaba a prisión semanas o meses después. 

Durante años robó en transporte público, consumió drogas y acumuló violencia dentro y fuera de penales.

Hoy le faltan tres meses y medio para recuperar la libertad y aseguró, en entrevista con El Sol de Toluca, que ésta será la última vez que salga de prisión.

Un penal nacido para la reinserción

La Penitenciaría Modelo Dr. Guillermo Colín Sánchez fue inaugurada en 1978 bajo un concepto que, para aquella época, resultaba prácticamente inédito en México. 

Fue diseñada para no únicamente custodiar personas privadas de la libertad, sino para trabajar específicamente en la etapa final de su sentencia y preparación para el regreso a la sociedad.

El proyecto rompía con la lógica tradicional de los penales concebidos únicamente desde el castigo y la vigilancia. Aquí el protagonismo no está en los muros o las torres de observación, sino en las aulas, los talleres y el tratamiento especializado.

El nombre del penal tampoco es casual, ya que Guillermo Colín Sánchez fue un jurista mexiquense y académico especializado en Derecho Procesal Penal, reconocido por impulsar una visión enfocada en la humanización de las penas y la reinserción social como parte central del sistema de justicia.

La propia arquitectura del lugar refleja esa lógica, pues a diferencia de otros centros penitenciarios construidos como fortalezas cerradas, la penitenciaría mantiene una escala más contenida y convive con la dinámica urbana de la colonia La Perla, en Nezahualcóyotl, rodeada de viviendas, comercios y vida cotidiana.

Mientras el sistema penitenciario estatal enfrenta desde hace décadas crisis desobrepoblación, autogobierno y violencia, este centro ha logrado mantenerse como una excepción dentro del modelo mexiquense.

Una anomalía dentro del sistema penitenciario

Actualmente la Penitenciaría Modelo alberga a 96 personas privadas de la libertad, pese a tener capacidad para 323 internos. La cifra contrasta con el panorama penitenciario nacional y particularmente con el Estado de México, donde distintos centros operan con sobrepoblaciones superiores a 150% y hasta 200%.

A nivel nacional, la mayoría de los penales estatales mantienen calificaciones reprobatorias o apenas aprobatorias en diagnósticos de derechos humanos y condiciones de internamiento.