Del “el pueblo me cuida” al blindaje militar: la ironía que Morena ya no explica…
Cuando Andrés Manuel López Obrador llegó a la Presidencia prometió acabar con los privilegios de la clase política.
Entre sus compromisos más recordados estuvo la desaparición de las pensiones para expresidentes y el retiro de los costosos esquemas de seguridad que durante años protegieron a quienes ocuparon el máximo cargo del país.
Su mensaje era claro: “el pueblo me cuida” y los tiempos de los privilegios habían terminado.
Hoy, la realidad parece muy distinta.
El Gobierno federal confirmó que el expresidente cuenta con un dispositivo de seguridad militar en Palenque y, además, decidió reservar durante cinco años la información relacionada con el personal encargado de protegerlo, argumentando razones de seguridad nacional.
Aquí surge una pregunta inevitable: si las escoltas eran un privilegio innecesario, ¿por qué ahora sí son indispensables?
No se trata de negar que un expresidente pueda enfrentar riesgos reales.
Gobernar un país como México implica amenazas que nadie debería minimizar.
El punto es otro: la evidente contradicción entre el discurso político y los hechos.
Morena construyó buena parte de su narrativa criticando los excesos de gobiernos anteriores.
Prometió una nueva forma de gobernar basada en la austeridad, la transparencia y la congruencia.
Sin embargo, cuando las mismas medidas benefician a sus propios líderes, las explicaciones cambian.
Lo que antes era presentado como un privilegio de la “mafia del poder”, hoy se justifica como una necesidad de seguridad.
La congruencia no consiste en hacer lo contrario cuando se llega al poder.
Consiste en aplicar las mismas reglas para todos, incluso cuando resultan incómodas para quienes gobiernan.
La confianza ciudadana no se fortalece con discursos, sino con coherencia.
Y cuando las promesas terminan chocando con la realidad, la pregunta deja de ser política para convertirse en una cuestión de credibilidad.
