López-Gatell se sincera

MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN

Yo estoy al servicio del proyecto del presidente López Obrador y estaré siempre a disposición de cumplir la misión”, respondió el viernes por la noche el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell, despejando toda duda, por si alguien aún tenía. Él no trabaja para los mexicanos. Tampoco tiene como eje de su actuar el conocimiento y la ciencia. Su compromiso es con su jefe, el presidente. Sus decisiones no son técnicas, sino políticas y tienen como guía un proyecto político.

La afirmación vino después de la pregunta que millones de mexicanos se hacen hace meses: ¿Ha pensado en renunciar?

El subsecretario no es el único responsable, pero sí el principal, del desastroso manejo de la pandemia que, en México, ha dejado más de 220 mil muertes en la cifra oficial. La estadística, maquillada desde la secretaría de Salud, apenas permite dimensionar la realidad que ronda el medio millón de defunciones.

La gestión de la pandemia, encabezada por López-Gatell, aun en la cifra reconocida por el gobierno, supera por casi cuatro veces el escenario “muy catastrófico” de 60 mil muertes, del que habló el subsecretario en junio del año pasado. Su permanencia, con base en resultados, es injustificable. Que siga en el cargo, con el cúmulo de desatinos, es incomprensible. Pero él mismo nos ha dado luz de por qué está donde está: no es un científico ni un técnico, es un político que no tiene como norte la ciencia, sino el mandato de un gobierno al que sirve.

Ahora todo tiene sentido. No es que el subsecretario no atine en nada de lo que pronostica. Es que su objetivo nunca ha sido transmitir información veraz y confiable, sino administrar como “servicio” al gobierno al que responde. No importa si miente, no importa si se equivoca, no importa si con sus palabras confunde y pone en peligro a miles. Se sabe impune, porque cumple una “misión”.

Desde hace un año lo decimos: López-Gatell no es confiable. Ahora él se ha encargado de confirmarlo.

El subsecretario de Salud, que aplanó la curva por decreto desde el 20 de abril, habló del “pico de la pandemia” en mayo, para luego afirmar –el 11 de junio- que llegaría la semana del 15 de junio, y le puso fecha de término a la pandemia en el Valle de México (25 de junio), solo ha estado haciendo política. Detrás de sus palabras nunca hubo rigor.

Cuando aseguró el 11 de febrero de 2020, sin evidencia alguna, que el COVID sería “menos mortal que la influenza” y “no será necesario tener hospitales especiales para su tratamiento”, o cuando afirmó el 24 de marzo del año pasado que, ante los primeros síntomas, no había que ir a hospitales para “no saturarlos”, solo hacía política. También estimó que la pandemia dejaría en México 6 mil muertes, para luego matizar que “hasta 30 mil” y más tarde, en junio, dibujar un escenario “muy catastrófico de hasta 60 mil”, estaba “sirviendo a un proyecto” político-ideológico.

Se agradece que se sincere de una buena vez. Lástima que el súbito ataque de honestidad llegó ya que provocó cientos de miles de muertes.