¿Está preparado el Estado de México para una sequía más severa?
El aumento en la frecuencia e intensidad de las sequías obligó al Estado de México a apostar por estrategias de prevención hídrica; sin embargo, persisten dudas sobre si la infraestructura y las inversiones serán suficientes para enfrentar escenarios más extremos.
Las sequías dejaron de ser fenómenos aislados y comenzaron a convertirse en unaamenaza constante para millones de personas en el mundo. De acuerdo con la Asociación Nacional de Entidades de Agua y Saneamiento de México (Aneas), en las últimas décadas alrededor de 55 millones de personas al año resultaron afectadas globalmente por este fenómeno.
Ante ese escenario, organismos internacionales y gobiernos comenzaron a replantear la forma en que enfrentan las crisis hídricas. El objetivo ya no es únicamente reaccionar cuando falta el agua, sino anticiparse a los riesgos y fortalecer la capacidad de respuesta de las regiones más vulnerables.
En ese contexto, el Banco Mundial desarrolló la metodología Drought Risk and Resilience Assessment (DRRA), una herramienta que busca evaluar el riesgo de sequía y medir qué tan preparadas están las regiones para enfrentar escenarios futuros.
La metodología plantea pasar de estrategias reactivas a una gestión preventiva mediante cuatro ejes: coordinación institucional, evaluación del riesgo de sequía, análisis de resiliencia actual y priorización de inversiones.
De acuerdo con Aneas, el modelo puede adaptarse a distintos contextos regionales y aprovechar información existente para evitar duplicidades en diagnósticos y proyectos.
La propuesta cobra relevancia en entidades como el Estado de México, donde las sequías recientes afectaron principalmente al sector agrícola y ganadero. Durante 2024, productores mexiquenses reportaron pérdidas derivadas de la falta prolongada de lluvias, situación que impactó directamente en la producción del campo.
En ese contexto, el Banco Mundial desarrolló la metodología Drought Risk and Resilience Assessment (DRRA), una herramienta que busca evaluar el riesgo de sequía y medir qué tan preparadas están las regiones para enfrentar escenarios futuros.
La metodología plantea pasar de estrategias reactivas a una gestión preventiva mediante cuatro ejes: coordinación institucional, evaluación del riesgo de sequía, análisis de resiliencia actual y priorización de inversiones.
De acuerdo con Aneas, el modelo puede adaptarse a distintos contextos regionales y aprovechar información existente para evitar duplicidades en diagnósticos y proyectos.
La propuesta cobra relevancia en entidades como el Estado de México, donde las sequías recientes afectaron principalmente al sector agrícola y ganadero. Durante 2024, productores mexiquenses reportaron pérdidas derivadas de la falta prolongada de lluvias, situación que impactó directamente en la producción del campo.
Las afectaciones no sólo golpean a agricultores y ganaderos. Cuando disminuye la producción y la demanda de alimentos permanece, los precios suelen incrementarse y el consumidor final termina absorbiendo parte de los costos de la crisis hídrica.
Frente a ese panorama, el gobierno estatal impulsa el Plan Hídrico Integral 2024-2029, una estrategia que contempla acciones como rescate de cuerpos de agua, rehabilitación de pozos, reducción de fugas, captación de agua de lluvia y tecnificación del riego.
Los proyectos estarán enfocados principalmente en el Valle de Toluca y el Valle de México, dos de las regiones con mayor presión sobre sus recursos hídricos debido al crecimiento urbano y la demanda poblacional.
Entre las obras prioritarias destaca la restauración del río Lerma, uno de los proyectos insignia de la administración estatal en materia ambiental e hídrica.
Aunque autoridades estatales señalaron que las inversiones requerirán millones de pesos provenientes de recursos estatales, federales y privados, hasta ahora no existe una cifra total definida sobre el costo integral del plan.
La incertidumbre sobre los recursos necesarios y la magnitud de los retos abre cuestionamientos sobre qué tan preparado se encuentra realmente el Estado de México para enfrentar sequías más intensas y prolongadas en los próximos años.
La metodología impulsada por el Banco Mundial apuesta precisamente por identificar esas vulnerabilidades antes de que la crisis alcance niveles más severos. El objetivo es conocer no sólo el comportamiento del fenómeno climático, sino también qué sectores, territorios e instituciones tienen mayor fragilidad frente a la escasez de agua.
Especialistas y organismos internacionales advirtieron que las sequías aumentaron en frecuencia, duración y cobertura territorial durante las últimas décadas, por lo que las estrategias preventivas serán cada vez más importantes para reducir impactos económicos, sociales y ambientales.
